Sábado, ocho y veintitrés

Foto @69vagamundos

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Mismo día, misma hora. Nací por primera vez, y ya han pasado 45 años.

Ha volado más de media vida, y yo sin enterarme, o sin quererme enterar. Se ha ido en un soplo, resbalándose entre mis dedos. A 45 revoluciones por minuto, 45 años han dado vueltas delante de mis ojos, con sus días negros, sus días grises y sus días radiantes.

45 años que me han ido haciendo tal y como soy, 45 años en los que he ido mezclando ideas, personas y hechos, quitando y poniendo sal o azúcar, subiendo y bajando la temperatura, controlando tiempos, esperando obtener la formula mágica para la vida feliz, la piedra filosofal de la vida perfecta, jugando con la química y la física de las emociones, trabajando duro. Fracasando mucho, y levantándome después. Sin éxito.

Y de repente ocurre. Se produce la reacción. Algo sobraba o algo faltaba, o ambas cosas, quizá. Y en un abrir y cerrar de ojos, todo adquiere sentido, las piezas encajan, sin estridencias, con suavidad, como si siempre hubieran estado en su sitio. Un día, mucho menos joven por fuera, pero mucho más por dentro, después de sacudir la alfombra, y tras poner en orden los restos del penúltimo asalto, suena “click”  y todo cobra sentido.

Y llega el día en el que, pese a las arrugas  y alguna cana me miro al espejo y me gusto más que nunca, porque cada arruga es una historia para contar, y cada cana es una meta conseguida. Ese día en el que, por fin, he dejado de vivir mi vida por y a través de otros, para ser yo, caiga quien caiga y le pese a quien le pese. Ese día en el que deja de importarme lo que los demás piensen de mi porque ya me pienso sola. El día en el que dejo de dar explicaciones, porque quien me quiere no me las pide y quien no me quiere no las merece.

Llega mi Big Bang, mi génesis. Recupero la autoestima fagocitada por los que me parasitaron cuando no me quería y era débil, y me había dejado a mí misma abandonada en un sitio oscuro y frío, para ser la que otros querían que fuera, arrastrándome y mendigando un cariño que no era.

Y doy un puñetazo en la mesa:

Aquí estoy yo.

Y aquí está mi autoestima puesta en letras. La que perdí luchando en batallas estériles por causas

foto @69vagamundos

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imposibles;  aquí está, conmigo, gritando a los cuatro vientos que, por fin y otra vez, me quiero, que soy la que nunca debí dejar de ser, porque nada ni nadie merece que nos dejemos por ellos. Aquí la tengo, pellizcándome el culo y guiñándome un ojo, diciéndome que he vuelto a nacer el mismo día y a la misma hora, 45 años más tarde y que sí, que duele, que lo lloras, que lo sufres. Que la angustia, la pena y la desesperación me usurparon entera, de dentro a fuera, me empañaron el alma, y me tiraron muchas veces contra el suelo dejándome muerta. Pero la autoestima asoma, recién estrenada con ese olor a nuevo, que hace que te lata el corazón más rápido y que la ilusión crezca en el pecho, para decirme que levantarme, resucitar, fue cosa mía, y que poner en orden mi vida, también, y que las cosas pasan cuando tienen que pasar. Y que tengo mucho por hacer, que no me duerma, que ahora viene lo bueno.

Quiero… no, necesito dar las gracias a todas las personas que han pasado por mi vida, y sobre todo a las que aún siguen en ella. Todos, sin excepción, me han devuelto a mi yo original.

A los que quiero y no me quieren, por enseñarme que la vida, a veces, no es justa, pero que hacer las cosas escuchando al corazón es siempre hermoso aunque no te correspondan, porque el amor siempre lo pinta todo de colores.

A los que quiero desde hace años y a los que quiero desde hace meses. Porque hay gente que me ha demostrado que, por ellos, merece la pena abrir los ojos todos los días y luchar. Amigos que han puesto los andamios para que suba, poco a poco, a donde me corresponde, ni más arriba ni más abajo. Los han puesto con su paciencia, con sus abrazos, sus palabras, su música, sus ojos, su presencia.

A los que quise y ya no están, porque hay recuerdos que pintarán toda mi vida una sonrisa en la cara.

A los que quise y se han ido en silencio, cobardes, por la puerta de atrás, porque me han enseñado a querer mejor.

A la mala gente. Porque de ellos he aprendido la lección más valiosa, que es saber cómo no debo ser nunca, aunque no siempre lo consiga. Los malos me han obligado a aprender a fuerza de golpes, que es, en definitiva, la forma de aprender, y también, gracias a ellos, he llegado a ser lo que soy.

A mis hijos, lo más maravilloso de mi vida por ser y por estar, por sus besos, por sus abrazos, por su ingenuidad. Por ayudarme a ser mejor persona y por permitirme aprender de ellos todos los días. Por hacer que me brillen los ojos. Por derrochar vida y permitir que me empape de ella.

Creo en los renacimientos. Me he reencarnado en mí misma a base de golpes, de llantos, de lucha, de amigos, de enemigos. De pequeños detalles, que me han dado aire cuando me faltaba. De palabras dichas por otras almas cuando la mía estaba rota. Me he rehecho de trocitos regalados de vidas ajenas.

45 años más tarde. Un sábado, a las ocho y veintitrés.

Antes de volver a nacer, tienes que morir.

Salman Rushdie

Gracias @69vagamundos por hacer imagen cómo me siento, por tu generosidad y tu paciencia. Por estas fotos, por hacer arte con la luz, para que me recuerde brillante los días grises.

 

 

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16 pensamientos en “Sábado, ocho y veintitrés

    • Tendré mis caídas pero ya no serán tan estrepitosas, y por supuesto me levantaré con mucho más estilo 😉

      Un beso enorme

  1. Y qué bien sientan esos cuarenta y cinco. Y qué feliz me hace que te hagas valer. Que digas “aquí estoy yo” y que vuelvas a tomar las riendas. Más madura, más sabia, más serena, más reposada o no, pero volviendo a ti.

    Creo en los renacimientos y creo en los reencuentros. Y celebro que te hayas reencontrado con la que fuiste.

    Besos, Soulmate.

    • Mi querida reina Negra.
      Hay cosas que solo el destino explica. No solo de renacimientos y de reencuentros viene las cuarentañeras… Nacen amistades y te encuentras con personas que te dan sin esperar. Personas que reparten vida, sonrisas y optimismo. Personas que saben hasta llorar.
      No te digo nada más y te lo digo todo.

      Gracias.
      (I’m gonna spread the word. I swear)

  2. Aunque no he vivido las simas que tú describes en mis también 45, sí que he experimentado (sigo: es más un proceso que algo ya cristalizado) esa especie de ‘click’ que tan bien has descrito.

    Y por ello me he animado a escribirte unas líneas aquí: para aplaudirte por tu capacidad narrativa, y para darte la enhorabuena por el estupendo trayecto que te queda por delante.

    • Muchas gracias.
      Tenemos más dentro de nosotros de lo que creemos y los cambios son una cuestión de voluntad y de escuchar el click. Y eso no se suelo producir si solo tenemos oídos para nuestros lamentos.
      Gracias por entrar en mi Caja. En tu Caja.

      Un abrazo.

  3. Hola… No suelo hacer estas cosas, lo prometo … Pero leer tu escrito me ha emocionado … Gracias por compartir estos pensamientos … Estoy en un periodo que llamaremos convulsos y leer esto me ha hecho sentir cosas.
    Muchas gracias…

  4. Si. No hay nada en este mundo como oír la propia voz, es sencillamente increíble y como cuesta. Tu post es pura entraña. Como muchos de tus tuit. A menudo hipnóticos, no tanto por la dureza y la provocación que también sino por la emoción…. exuda pura y brutal emoción, desde las tripas. Eres carne de novela. Yo te leería. Muchos lo harían. Te lo habrán dicho. Seguro. Pero lo que más me ha gustado ha sido el paso adelante que compartes, el ir hacia ti, soltando lastre emocional, en lugar de en tu contra aferrándote a emociones lacerantes. Ejemplo y lección, para muchas… para muchos. Gracias por tu relato. Entran ganas de conocerte, ofrecer sofa, chimenea, ropa cómoda, una sopa, abrazo y víveres para que sigas corriendo, hasta donde quieras llegar y que nos lo cuentes. Con tu permiso usaré tu post para algunas pacientes. Les ayudará a ver un camino, una vía y que se sale de la esclavitud emocional y que no existe la autoestima baja, solo autoestima herida… y las heridas, se sanan.

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