De peces, muros y almas en venta, o cómo dejamos de ser personas.

Domingo por la mañana, cielo azul, te rojo y boleros (un vicio más heredado de mi padre, junto con el Atleti y Frank Sinatra)  Aparentemente idílico, pero mi conciencia social ha decidido amargarme la mañana. Y yo pretendo hacer lo mismo con vosotros.

Foto @albbarrantes

Me he despertado pensando en lo que nos hemos convertido. El concepto de sociedad como tal ha desaparecido, lo hemos pulverizado, y va derivando a un conjunto de animales cada vez menos racionales que comparten metros cuadrados de mayor o menos estaus, lo que, indefectiblemente, nos lleva a otra atomización en función del “yo tengo y tú no”. Y nos divide, y nos enfrenta. Nos hemos sumergido en la corriente del “no va conmigo”, “déjalo que no merece la pena” y “para qué te vas a molestar” y la gente solidaria es estigmatizada y tachada de tonta, si no de antisistema por algunas mentes sin ojos o cegadas por el egoísmo.

Exigimos recibir a cambio, como si la vida fuera un comercio, “yo te doy, pero no te regalo”, “devuélveme lo que he hecho por ti, o no haré nada más” braceando, boqueando como peces moribundos en una corriente del mercadeo de emociones, de valores, de actitudes.

Insolidarios, indecentes, inoperantes. La impasibilidad se ha transformado en nuestro modo de vida, mirar a nuestro ombligo nuestra máxima inquietud, y subir a costa del contrario es nuestra meta. Las cosas nos pasan porque pasamos. Ya no somos compañeros, somos oponentes.

A nuestros hijos se les caen los principios con los dientes de leche y les salen colmillos afilados, dispuestos a destrozar todo lo que se les interponga en su camino para apoltronarse en su mundo de comodidades materiales. Y nosotros no hacemos nada por impedirlo. No les inculcamos valores, ni le enseñamos a ver lo hermoso que es luchar por lo que se quiere en esta vida, y lo satisfactorio que resulta conseguirlo dejándote unos cuantos jirones de piel en el empeño.

Desfilamos por la vida con la etiqueta del precio colgando, insultante, del alma. “Este es mi precio”. Y desconocemos nuestro valor.

Nos hemos aislado, nos dispersamos, nos diluímos, nos despersonalizamos.

Y viene a mi cabeza este vídeo:

Y me inquieta ver que somos ladrillos fijos, inmóviles, formando parte de una estructura inerte.

Y pienso: “hay que romper el muro”. Pero…

 

La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.
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2 pensamientos en “De peces, muros y almas en venta, o cómo dejamos de ser personas.

  1. Yo tengo la esperanza de que esto está cambiando. Quizá porque veo que los jóvenes creen más en la fuerza del grupo, quizá porque hace tiempo que dejé de vivir en una gran ciudad… o quizá porque nos estamos dando cuenta que parte de esta crisis está en la ausencia de valores, y que los estamos recuperando para ser fuertes y apoyarnos entre todos.

    • Yo ya no se qué pensar Marc.
      A veces estoy segura de que se ha ido todo al carajo y otras, las menos, veo un rayito de esperanza. Nuestra generación ha perdido por completo la condición de humano “amable”, la empatía y es difícl transmitir lo que no se tiene.

      Un abrazo

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