Recogiendo trastos

El fin de año y sus balances. Echar la vista atrás con ira, con nostalgia, con decepción. Recordar lo que has hecho y lo que es peor: lo que has dejado de hacer por miedo, por hastío, o por pereza.

recogiendo trastosCuando acaba el año me siento como después de una fiesta. Sentada, con los codos apoyados en las rodillas, la cabeza entre las manos, mirando a mi alrededor: reina el desorden . He podido pasarlo bien. O no. Pero es evidente que he de limpiar para seguir con mi vida. Y suspiras, con una mezcla de alivio y pena, sabiendo que se acabó, y que hay que ponerse en marcha de nuevo.

Acabar el año es ponerme a recoger trastos y a ordenar cajones. Colocar en su sitio las cosas que estaban desubicadas, y descubrir cosas útiles al fondo de un cajón, abandonadas porque me olvidé de buscarlas. Es reordenar sentimientos y darme cuenta de que quiero a nuevas personas, que a otras las quiero aún más y que algunas han dejado de importarme. De que mis amigas y  amigos siguen ahí, eternos, empujando, caminando a mi lado. Y miro de reojo y también les veo a ellos: a los malos. Pero es que también son necesarios para una vida completa.

Acaba el año y ves que has vencido unos miedos y que has sucumbido a otros, que no te has dejado llevar cuando deberías y que has dejado de vivir un hoy por un mañana que no fue como esperabas. Que te has enamorado y desenamorado mil veces, de mil personas, de mil lugares, de mil ideas, y que sabes que lo harás mil y una. Que tienes que seguir esperando y que esta vez no eres tú la que manejas los hilos, que por una vez en tu vida has decidido hacer las cosas bien y dar un paso detrás de otro. Que has descubierto que merece la pena luchar cuando algo o alguien es importante.

Te das cuenta de que te seguirás emocionando, que no puedes vivir sin esperar nada de nadie porque casi siempre estás dispuesta a darlo todo, pero que a veces, no recibes lo que das, y es cuando se te rompe el alma, y se te parte la vida. Y tienes que recoger los restos del naufragio. Y levantar la cabeza. Y nadar, aunque no sepas a qué playa vas a llegar.

Acaba el año y piensas en las flores que has olido, en los besos que has dado y en los que te hubiera gustado dar. En las caricias que has recibido, en las miradas que te han hablado y en todo lo que se encerraba y se encierra en unos ojos. En los “te quiero”  que te han robado y en los que has callado. En los abrazos que, por fin has dado, y en los que te quedan por recibir.

Acaba el año y lloras. Como una niña. Con una sensación desagradable de pérdida, que va mezclada con la esperanza,  con los ojos puestos en lo que ha de venir,  que siempre, es  mejor. Separas lo nuevo de lo viejo, lo útil de lo inútil, lo verdadero de lo falso. Cierras puertas, abres ventanas y ventilas tu vida con aire nuevo. Tratas de recuperar la fe, las ganas, y la fuerza. Porque un año nuevo, es una oportunidad para vivir mejor.

Sed felices, arriesgaos a vivir y a sentir. Todo empieza de nuevo, tenemos por delante un folio en blanco para reescribir nuestra vida.

Yo sigo aquí, recogiendo trastos, poniendo orden. Para empezar de cero…

 

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