Envenenando palabras

El arte de la mentira piadosa, el arma de la mentira cobarde, disparar el gatillo contra la ilusión ajena por miedo, vergüenza o cobardía, robando vida, vendiendo trampas escondidas en cajas de regalo.

Pintar embustes con verdad, vestirlos de certeza y sacarlos a pasear lustrosos,  gordos, brillantes, orondos. Aparentemente hermosos pero huecos, sino, podridos por dentro.

No querer verLos mil usos de una mentira. La mentira como cebo, como imán, como excusa, como escudo, como arte. El arte de envenenar palabras y ofrecerlas, para anestesiar la propia conciencia, sin importar que alimenten sentimientos ajenos. Sentimientos no correspondidos, sentimientos de ida sin vuelta.

La mentira es un bombón relleno de licor, y además, sabe a verdad cuando lo tomas. Ojos cerrados, suspiro de placer. Has abierto el corazón y lo has metido dentro. Paladeas, saboreas la envoltura, que se va deshaciendo lentamente en tu alma, mezclándose con tus sueños, formando parte de ellos. Dulce y suave.  Irresistible.

Y es cuando explota. De repente no hay más envoltura, ya no es dulce. El licor es hiel y se está derramando en ti, te está envenenando. Te has emborrachado de mentira ajena, y duele. Llega la náusea y vomitas la pena con trozos de alma, el engaño mezclado con un sueño que ha dejado de ser. Y la resaca te va a endurecer un poco por dentro, pero no lo suficiente como para resistir la tentación de enamorarte de la siguiente mentira, de hacerle un hueco en tu corazón, justo al lado de la cicatriz que dejó la anterior.

Volverás a caer en la trampa; no será el último bombón que te comas. La mentira engancha, y es mejor vivir acunado por el engaño, cómodo y suave al principio, y fabular con palabras corrompidas. Es mejor dar la espalda a la evidencia y volar, como Icaro, hacia el sol, sin pensar en la caída que te va a romper en mil pedazos, que asumir el dolor de la verdad, que sacude, que destruye sueños que no son, y que siempre es mejor porque hace fuerte, y  construye realidades firmes sobre las que vivir seguro.

Mentimos. Envenenamos palabras y sentimientos con cobardía y desidia, desperdiciando y corrompiendo vidas ajenas con mentiras propias. Y lo más triste es cuando sabemos que nos están engañando y aun así, nos los creemos.

Nunca sabré quién es más cobarde, aquel que miente, o aquel que cree la mentira.

Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga.
(Denis Diderot)

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