Correr es un placer

Genial, sensual…

Parafraseando a la inolvidable Sara Montiel, pero  es cierto: es un verdadero placer.

Primeras zapatillas

Primeras zapatillas

Decidí empezar a correr (o practicar el “running” que suena más glamouroso y a mí me gusta mucho más) hace casi seis años, poco después de tener mi segundo hijo. Y es de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida (junto con la de dejar el tabaco) Correr te hace sentir feliz, despeja la mente y estiliza tu cuerpo, tonifica músculos, fortalece huesos, es gratis (lo que en estos tiempos es de agradecer) Solo tienes hacer acopio de fuerza de voluntad y de unas buenas zapatillas.

Pero además para mí es un momento especial:  es aquél en el que me enfrento a mí misma,  a mis limitaciones y trato de superarlas, día a día. Es el momento en el que pienso, en el que ME PIENSO . Analizo, reflexiono y tomo decisiones.  Me regaño o me felicito.

Al principio no me lo tomé muy en serio. Practicaba el trote cochinero durante unos 30 minutos y junto con el trotecillo, también practicaba el autoengaño, creyendo que batía récords de distancia todos los días. Y sospechando que no.

Gran error.

Cuando empecé a tomármelo en serio, confirmé mi sospecha: la cosa no era tan heróica. Y cuando hace un año, comencé a registrar mis tiempos, me caí de cabeza del pedestal en el que yo solita me había subido ayudada por mi ego: aquellos 30 minutos no me daban ni para tres kilómetros. Golpe tremendo y ego por los suelos.  Lo único que saqué en limpio fue que era constante, y eso me impulsó a dar el siguiente paso: iba a convertirme en una destroyer del running.  Había nacido “la hija del viento”.  Eso si, mucho me temo, que bastarda.IMG_20130823_081836

Y sí, las cosas han cambiado. Esa constancia de la que me enorgullezco (sí, qué pasa?  otras se enorgullecen de sus tetas) me pone alas en los pies y un petardo en el culo para salir de la cama a horas a que podrían ser consideradas indicio de enfermedad mental, y me hace correr una hora, o más,  casi todas las mañanas.  Me encuentro con días mejores y peores. Sufro bajones, y quiero superarme. La barrera de los 10 km que me parecía inalcanzable hace 365 días ha sido superada con creces, y eso me hace querer seguir adelante.

Anudar los cordones de mis zapatillas marca el inicio del ritual. Luego la coleta, imprescindible. Gorro y cortavientos en invierno, tirantes en verano. Y mi móvil, con el chivato que me dirá al final de la carrera si lo he logrado o no. Estiramientos. Todo siempre en el mismo orden, con precisión, como si estuviera montando un arma.

Cuando abro la puerta e inicio la marcha, todo cambia. Suena un click dentro de mi, y la sensación de entrar en otra dimensión se vuelve  real. Sentir solo mi corazón, mi respiración y mis piernas. Y evadirme.

Sí.  Correr es un verdadero placer.

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8 pensamientos en “Correr es un placer

  1. Vaya, yo no podría explicarlo mejor. Yo también soy de los que madrugan… y ahora ya cuando me voy de viaje las zapatillas van siempre en la maleta 🙂

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