Pan, circo y pelotas.

calderon 2Me gusta el fútbol. Esto es así. Si la memoria no me falla, pisé por primera vez el Vicente Calderón a la tierna edad de 5 años, con el abono de mi hermano, recién nacido y de la mano de mi padre. Recuerdo que Miguel Reina era portero de Atlético de Madrid, García Remón del Madrid, Urruti del Barça. Recuerdo, también,  haber visto jugar a Marcelino, Leal, Cruyff, Juanito, Santillana, del Bosque, Dirceu, Leivinha, Gordillo (con las medias bajadas y la camiseta siempre por fuera) Maradona, Kempes… Vi ganar y perder ligas y copas. Alegrías y tristezas. Disfruté.

Aprendí fútbol. Posiblemente sepa muchísimo menos que la mayoría de vosotros. Y seguramente algo más que pocos otros. El fútbol de antes no era un negocio. No, al menos, cuando yo me sentaba con mis trenzas, mi gorro rojiblanco con pompón, mi bufanda a juego, mi bocadillo y mis pipas, al lado de mi padre (y luego de mi abuelo) domingo sí y domingo también, (porque el Madrileño también era cita obligada) a disfrutar de un partido.

Aún recuerdo ese fútbol,  puro, en el que los jugadores no cobraban sueldos millonarios y no tenían mega contratos publicitarios. El fútbol del domingo por la tarde; ese que te llevaba al campo o que reunía a la familia y a los amigos  junto a la televisión o la radio garantizándote 90 minutos divertidos (al margen de lo bueno o lo malo que resultara el encuentro) y una tertulia respetuosa después. Recuerdo las mariposas revoloteando en mi estómago cuando me acercaba al Calderón, y que se me hacía un nudo en la garganta cuando, acompañados por el himno, saltaban los jugadores al campo. Y yo, daba saltitos y aplaudía emocionada, mirando a mi padre, que aplaudía sonriente. Y  buscaba y reconocía en el campo a Leal, Capón, Abel, Marcos, Julio Alberto…

7076756-estadio-santiago-bernabeu-de-madrid-espana-estadio-de-la-liga-de-campeones-final-de-mayo-de-2010Ir al fútbol con mi padre y con mi abuelo fue una auténtica lección de vida. Mi padre me enseñó dos cosas: que al rival se le respeta y  siempre se le aplaude cuando sale al campo, y que el fútbol es un deporte, y que nunca hay que perder las formas, ya sea como jugador (y él lo fue, del Atlético de Madrid) ya sea como aficionado. Aún recuerdo el intenso picor de aquella colleja que me sacudió mi padre, y que siguió a un  “¡¡Juanito, idiota,  no tienes ni idea!!” durante un derby en el Calderón. Nunca más. Ni un solo insulto. Y eso es lo que el transmito a mi hijo, otro  futbolero de pro y atlético incurable. Mi abuelo abundó en estas enseñanzas: “en la mesa y en el juego se conoce al caballero, y tú, mirando, también juegas. Nunca digas lo que no quieras que te digan. Respeta y te respetarán”.

Ahora, el fútbol ya no se disfruta. Ahora el fútbol es una continua pelea, barriobajera, ordinaria… Como en todo en este país, el deporte rey se vive como una guerra, y  ha perdido la corona y la elegancia de la que hacía gala muchos años atrás, desvirtuándose lo que el deporte (éste y cualquiera) representa para los que lo amamos. Se insulta, se humilla, se ofende. Se pasea la bandera de “conmigo o contra mí” y la intolerancia se adueña de cabezas (cada día más huecas) y de bocas (cada día más grandes). El fútbol, como tantos otros deportes han trascendido de lo meramente deportivo llegando a lo personal y a lo ideológico, transformándose en una causa por la que pelear. Una causa en la que no gana nadie (evidentemente, dejamos al margen jugadores, clubes y marcas publicitarias)

La rivalidad sana, la del abrazo, la tertulia y el anís después del partido se ha transformado en la rivalidad de la bofetada, el insulto y el botellazo.

Si a esto añadimos la impunidad con la que algunos vomitan su bilis, amparados por el anonimato con el que se visten en las redes sociales ( y no solo en aspectos deportivos, porque este comportamiento demencial es extensivo a la política), el resultado es lamentable. Hacen gala de su ignorancia, paseándola con orgullo macarra por muros y timelines, viendo ofensas donde no las hay y devolviendo los supuestos golpes con saña y rabia. Insultando de forma despiadada. Yo misma, anoche, fui victima de la “culta ignorancia” de un hooligan de traje y corbata que se dió por aludido cuando comenté lo siguiente:

El personaje en cuestión (y en otra red social, haciendo gala de su valentía) decidió, entre otras muchas cosas, que no vienen a cuento que, servidora, era una resentida por ser del Atleti, habló de títulos de uno y otro equipo de la capital en las ultimas temporadas como el origen de mi rencor tuitero (lamento comunicar que en estos dos últimos años, ganamos por goleada) y encima me tachó de socialista en el colmo del paroxismo ignorante. Me pregunto yo si no habrá socialistas del Madrid. Es más, me pregunto si yo soy socialista.

Los post partidos en redes sociales son cada vez más lamentables. Nos dejamos llevar por una victoria o una derrota mal asimilada. Por el ego o por la frustración. El respeto se diluye, y la rabia y el rencor lo dominan todo, y llega el desastre, y la vergüenza, en un afán enfermizo por mantener nuestra opinión y “conocimiento”  futbolístico por encima de todas las cosas. Y de todas la personas.

Defensas numantinas de colores y jugadores que, mal que nos pese, pasan totalmente desapercibidas para equipos y deportistas, y que no hacen sino dejarnos en evidencia. Periodistas de supuesto nivel, haciendo gala de un fanatismo imperdonable y bochornoso. Ex jugadores y jugadores incitando al enfrentamiento verbal con tuits incendiarios. Lo que viene siendo espíritu deportivo en estado puro… No?

Y mientras España se hunde. Y nuestra vehemencia y nuestro ardor guerrero se emplea en causas perdidas.  O poco útiles, para no resultar taxativa, venga. Porque llamar hijo de la gran puta a alguien, o amenazarle de muerte, no va cambiar el resultado de un partido, que es solo eso: un partido. Dejarse llevar hasta ese punto, esa perdida de control, me hace pensar que somos, o una sociedad enferma, o una sociedad alienada. Y por desgracia no somos la única.  ¿Por qué, sí somos capaces de vivir tan intensamente un partido de fútbol y todo lo que lo rodea, no somos capaces de sentir con fuerza por algo en lo que creemos?  Desgraciadamente  no lo comprendo, no se  por qué no sentimos y por qué no peleamos con esa fuerza por lo que realmente nos conviene.

Como he dicho más arriba, esta reflexión mía, personal y puede que equivocada, se puede hace extensiva a otros deportes (La Formula 1 está a punto de empezar, y con ella, otra guerra) y a otros aspectos de nuestra sociedad.

Sigo meditando. Sigo viendo, desgraciadamente, el fútbol sola. Sigo echando de menos el respeto.

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14 pensamientos en “Pan, circo y pelotas.

  1. Me ha encantado vecina. Tenemos los mismos valores, de lo cual me alegro mucho, debido a que nos educaron por suerte igual nuestros queridos padres y abuelos.
    Millones de besos de un socio madridista.
    Por cierto, Rubalcaba y su hijo son socios del Madrid y no se pierden un partido. Este es socialista, no? 😛

    • Gracias. Lo valoro doblemente porque nuestro colores son distintos y eso no hace sino corroborar que todo en esta vida es, como bien dices, una cuestion de educación.
      Es verdad!! Rubalcaba es madridista. Pero resulta que hay personas muy cuadriculadas que asumen que una persona de derechas ha de ser del Madrid. O al menos un socialista no puede serlo. Mentes pequeñitas y cerradas, en suma.
      Un beso enorme. Y GRACIAS.

  2. Buenos días guerrera: perfecta descripción de la falta de formación que impera en nuestra sociedad. Entre que las dos Españas siguen marcando el “y tu más”, que aquí el que menos es catedrático de cualquier cosa, y esos papás/mamás que en los partidos de sus infantes dan a conocer su peor cara, con gritos, insultos y agresiones……. Y ese es el ejemplo que luego siguen sus niños.

    Nunca me gustó el futbol, siendo más del Real Madrid por proximidad geográfica (vivía a pocas calles del Bernabeu), pero mi marido me ha enseñado a sentir mucho cariño por el Atleti, a disfrutar de los partidos, de cada jugada, de cada movimiento, con una elegancia que ha transmitido a nuestro hijo, tambien colchonero de corazón.

  3. Bisha… has removido y sacado a la luz todos mis recuerdos… yo también iba al Calderón con mi padre, camino viejo de leganes y general ricardos abajo… después de comer y haber visto al puerta bonita x la mañana…fútbol con sabor a auténtico, a caballeros, a radio, a rabia si perdíamos xq el lunes seria difícil en clase aguantando a los del Madrid…
    En definitiva… consigues con cada cosa q posteas q afloren recuerdos, ideas y haces q reflexione sobre como hemos llegado a ser lo q somos viniendo de donde venimos… no sé en q punto hemos perdido los valores q nos transmitieron nuestros padres; abuelos, etc…
    Solo me queda decirte GRACIAS!!!
    Besazo von un abrazo enoooormeeeee rubia…

    • Hola Victor.
      Gracias a ti.
      Antes era diferente. Todo era mucho más sano, y el fútbol era de verdad. Esos recuerdos irán conmigo toda mi vida.
      Yo sigo transmitiendo esos valores a mis hijos. Ahora solo falta que los asimilen.

      Un beso enorme!

  4. Otra parte interesada en caldear el ambiente es la prensa. Hay que vender periódicos como sea y si el modelo Sálvame resulta rentable, se implanta en el fútbol y a correr.

    También soy de esos no futboleros a los que no le importaría disfrutar de un partido a tu lado. Un abrazote.

  5. Totalmente de acuerdo, la prensa es parte interesada porque así venden periódicos:
    El fútbol es otro bonito pastel a repartir.

    Ver el fútbol conmigo es un placer, que lo sepas.

    un beso.

  6. Creo que el comportamiento de la gente en el futbol, ahora y antes es el mismo,tu padre y abuelo se comportaban de manera excelente igual que ahora muchos padres lo hacen y una discusion en la red y mas si es anonima no deberia ser motivo para valorarlo. Mis hijos son futboleros y conozco padres maravillosos que sin explicacion los veo perder los papeles ante lances del juego.Como anecdota te dire que tu por ejemplo,no pareces la misma persona escribiendo en el blog (dulce) y la que tuitea (brava). Lo que esta claro que el futbol sin bronca no seria lo mismo.

    • Una persona puede ser dulce o brava y seguir siendo la misma. o deja de serlo por reir y/o llorar, no te parece?
      Creo que el fútbol puede ser sin bronca, pero con una polémica cortés. El insulto y la falta de respeto lo devalçuan… Y la gente ya lo ve como una válvula de escape y no como un espectáculo
      Perdona por mi tardanza en aprobar tu comentario.
      Un abrazo y gracias por tu opinion.

  7. ¿De verdad eres rubia o eres una morena teñida? Brillante. Simplemente brillante. Me ha gustado y mucho.

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