Yo me ofendo, tú te ofendes, él se ofende…

… Así nos pasamos gran parte de nuestras vidas.

Dicen que no ofende quien quiere, sino quien puede. Es indiscutible que hay comportamientos de todo punto inaceptables, pero en una sociedad supuestamente abierta y donde las ideas se intercambian con libertad, en una sociedad que se supone abierta de miras, la ofensa campa a sus anchas, con solidez.

Se hace uso de la ofensa o se sufre. Me cuestiono si la ofensa existe o nos la inventamos. Si se activa como un mecanismo de defensa de causas nobles, o una forma de minar al enemigo. Si la ofensa es desconocimiento o la inteligencia suprema. Si ofenderse es una pose. Si ofender,  una provocación. Si la vemos, o la ven.

Ofender, ¿no es buscar notoriedad, una llamada de atención? ¿Jugar con la audiencia? ¿una trampa? ¿La ofensa como forma de comunicar?

Ofendernos ¿no es sentir  lástima por uno mismo? ¿No es ver nuestras restricciones morales reflejadas en un comentario ajeno?

No hablo de violaciones, asesinatos, trata de blancas o esclavitud infantil. No hablo de guerras, hambrunas, epidemias, genocidios. No hablo de cosas objetivamente ofensivas (al menos para un humano sano mentalmente)

Hablo de intolerancia. Hablo de la ofensa subjetiva. De la que nace de una postura egoísta, o quizá ignorante, del ofendido. De esa ofensa que  hace arrugar la nariz y rasgarse las vestiduras, la que pone en evidencia toda la precariedad y miseria emocional del ofendido, la que le desnuda públicamente y le hace vil y rencoroso. La ofensa que se inventa, porque no se sabe argumentar. La ofensa que transforma una idea o un estado de animo en un pecado capital, y que convierte al “ofensor” en un monstruo inhumano, pese a que, posiblemente, solo haya expresado una idea o un sentimiento con una intensidad, con una contundencia, que escapa a la estrechez mental de ofendido.

Cuando nos “ofendemos” desplegamos toda nuestra indignación. Una mano, nos la echamos a la cabeza, horrorizados por ese comentario tendencioso, por ese insulto, malinterpretado casi con toda seguridad, porque somos los afortunados poseedores de un cerebro cuadriculado. Con la otra mano, nos la estamos cogiendo con papel de fumar. Una vez más, malgastamos nuestras fuerzas en causas tan absurdas como un chiste mal entendido, un comentario que se nos escapa, pero que nos suena “políticamente incorrecto”. Osada la ignorancia…

Nos hemos vuelto críticos hasta un punto enfermizo e irracional. Todo está mal. Todo es molesto. Encorsetados, somos incapaces de hacer uso del sentido del humor (porque de la inteligencia, en cualquiera de sus tipos, es evidente que somos incapaces) y juzgamos y fusilamos al “ofensor”, en lugar de hacer uso de la dialéctica y de la lógica, para desmontar ese argumento supuestamente ofensivo. En lugar de escarbar y ver un poco más allá. En lugar de ignorar o de hacer un ejercicio de tolerancia. O de averiguar cual de todos mis prejuicios o mis limitaciones me lleva a indignarme de tal manera. Saltamos sobre el cuello del ofensor, blandiendo nuestra ignorancia sin ningún tipo de pudor. Cinismo, cobardía e hipocresía nos acompañan. Sepulcros blanqueados.

La ofensa es relativa. Es gestionable, manejable, como ofensor y como ofendido. Nos rasgamos las vestiduras por estupideces, porque no tenemos los redaños suficientes para hacerlo por causas más justas. Por aquéllas que nos obligarían a actuar de verdad. Arremetemos contra el objetivo equivocado, porque nos falta valor e inteligencia para hacerlo contra quienes debemos.

Sigamos juzgando y sigamos errando. Sigamos ignorando. Aniquilemos sentimientos, inteligencia y dialogo. Obviemos el perdón.

Dejemos de ser humanos. Vamos por buen camino

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14 pensamientos en “Yo me ofendo, tú te ofendes, él se ofende…

  1. Muy de acuerdo en casi todo….Que clase de sociedad hemos creado, que algunos no podemos expresar nuestras ideas simplemente porque son ofensivas para el establishment y tampoco podemos sentirnos ofendidos por las barbaridades que se dicen y se leen ,porque entonces somos intolerantes.
    No creo que esta sea una sociedad libre

  2. Pues sí, la verdad es que tienes las neuronas muy bien puestas, y que manejas la palabra escrita con maestría. Enhorabuena, no puedo estar más de acuerdo. Un beso

  3. No sabemos ponernos en la piel del otro. No practicamos la empatía. Pero tambien hemos perdido educación y el respeto al prójimo. Porque, de otro modo, no nos ofenderíamos tanto y tan profundamente. Nos ofendemos con mucha facilidad, y ofendemos al prójimo constantemente.

    Y es que lamignorancia es muy osada, y esta España nuestra ademàs de entrenadores, resulta que todos somos economistas, políticos, historiadores…….. Nos queda mucho por aprender, pero estamos educando fatal.

    Quizàs estemos en el camino de darnos cuenta, gente como tú, reflexiones como esta, pueden ayudar.

    Gran post, guerrera

    • Gracias Pilar.
      Has dado con la clave: empatía, tolerancia e ignorancia. Todo lo dejamos al mal hacer de esta última, sin cultivar las dos primeras.

      Eso no está deshumanizando.
      Ya no vivimos en sociedad: compartimos espacio. Es muy triste.

      Un beso.

  4. Gracias guapetona, la intersubjetividad es lo que tiene… nos ofendemos nosotras y nosotros mismos, porque lo único ofensivo es el modo de interpretar lo acaecido, o las ganas e intención de ofender; lo demás… tal y como tu lo cuentas.

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