Esa locura llamada maternidad…

Recuerdo cuando hace casi 20 años me acuciaba el deseo de ser madre, cuando yo creía que mi vida no sería completa si no experimentaba la maternidad. La angustia del embarazo que no llegaba, y la pena del que llegó y se fue. Los años que luché para conseguirlo, las lágrimas derramadas, el sexo mecánico porque “era el día”, las pruebas unas más dolorosas, otras más rutinarias. Visitas a fertilidad para que de repente, y en cuatro años lleguen al mundo mis dos criaturas. Porque sí. Cuando ellos decidieron que era su momento… Es puro misticismo, sí, pero siempre he creído que mis hijos son ángeles, y que como tales, ellos sabían cuando llegar a mi vida.

En ese momento, todo se olvida. Cuando ves nacer a tu primer hijo, cuando la vida se materializa desde dentro de ti y ante tus ojos, nada se le puede comparar. El dolor se esfuma al escuchar el primer llanto. La calidez del bebé, recién nacido, sobre tu vientre reptando a tu pecho. Ese momento en el que el vinculo afectivo que (para mi) se había generado hacía nueve meses, se vuelve indestructible. Inquebrantable. Cuando el amor más puro y desinteresado, toma forma, y te agarra, con su manita, un dedo. 

La maternidad cambió mi vida. Es innegable. Pero no evolucionó a este estado idílico de los anuncios de cereales,  ni de las películas americanas con niños guapos y rubios (que lo son) en familias perfectas con casas perfectas. La maternidad es un arma de doble filo, es un lobo con piel de cordero. Es la felicidad en medio de una orgía de pañales, tomas, más pañales, más tomas. Es un sueño cumplido con horarios infernales, hormonas traicioneras… Y es ese terror irracional a equivocarte, la responsabilidad de una vida, indefensa, en tus manos, que te lleva a acercarte a la cuna de tu hijo, una y otra vez para escucharle respirar o para ponerle la mano en el pecho y sentir su corazón.

La maternidad es afrontar problemas de pareja, a veces solucionables, otras no. Es aprender a compartir un espacio que antes era de dos, es tratar de contener celos, de estirar el reloj hasta limites imposibles. A veces la maternidad lleva a la soledad.

La maternidad es mirarte al espejo y llorar. Reconocer con dolor que tu cuerpo no volverá a ser el de antes, y asumir ese daño colateral, que solo sufres tú, como una herida de guerra de la que sentirte orgullosa. Es perderte como mujer y reencontrarte después, más sabia, más serena, con más capacidad de amar. Madurar.

La maternidad es el trabajo más importante de mi vida. Del que nunca me jubilaré y para el que no existen vacaciones. En contra de lo que pueda parecer, a medida que vas cumpliendo años, se va complicando. Los niños crecen y los problemas con ellos. No se acaba de “dominar el oficio”. Y en los casos en lo que te encuentras sola ante el peligro, es un verdadero reto. Hay que encontrar la receta perfecta para que cariño, rigidez, normas, ternura, educación, respeto, principios estén en armonía. Conocer el momento de beso y del abrazo y no olvidar que una regañina a tiempo es una victoria; ser poli bueno y poli malo. Ser padre y ser madre. Corregir, conducir, divertir, dialogar… sola

No estoy dejando de lado la figura del padre. Sería injusto. Irreal. Porque la maternidad va (o debería ir) de la mano de la paternidad. Simplemente estoy hablando de una experiencia personal. De la mía. Y por suerte para mi y aunque resulte agotador, física y emocionalmente, soy la madre y soy el padre de mis hijos, y como yo, habrá muchas más mujeres y, por supuesto, algún hombre. Aunque estoy convencida de que serán los menos porque, desgraciadamente, aun vivimos en una sociedad en la que los niños son “cosa de ella”.  Los niños necesitan “padres” o “madres”, en plural. La educación es cosa de dos, sin importar si son ellos, ellas, o ella y él. 

Me hago reproches continuos. Cuestiono mi forma de ejercer la maternidad, todos los días; he sido duramente criticada por ser una divorciada y mis hijos han sido ninguneados por el mismo motivo. Muchas veces me siento culpable, porque la vida me ha obligado a prescindir de su padre para ser feliz. Y porque las circunstancias no permiten una custodia compartida. Pero todas, todas las noches, mis últimos pensamientos son para mis hijos. Mi examen de conciencia es por y para ellos.

Es duro cuando se quiere hacer bien. Es frustrante cuando las cosas no salen como tu quieres, y el miedo al fracaso, a que tus hijos no sean personas integras y buenas te persigue siempre.  Pero ver las caras de mis hijos, sentir sus abrazos y sus besos, compartir sus risas y escuchar sus “te quiero” son la mejor de las recompensas, el mejor de los estímulos. Son lo que me engancha a esta locura llamada maternidad.

Aun así, es una experiencia única. Irrepetible. Una opción personal, una decisión que tomé conociendo más los pros que los contras. Loca perdida… por mis hijos.

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33 pensamientos en “Esa locura llamada maternidad…

  1. Hola guapa!!! Que razon tienes, y salvo en la parte de el padre ( yo por suerte tengo a mi marido y al padre de mi hijo que esta con él en todo momento, es un gran padre!) en todo lo demas me siento identifiada, y mas en un dia como hoy, que mi pequeñin, ya no tanto, cumple seis añitos!! Imaginate! Anoche recordaba ese momento en que por primera vez lo tuve en los brazos, con lagrimas en los ojos, ainsss…
    Bueno guapa, que me encanta tu post, un besazo!!

  2. Como siempre, Peich, !!! dá gusto leerte ¡¡¡ tus palabras son un oásis en este pedregal diário.
    saludos

  3. Impresionante… cada vez que te leo me pones los pelos como escarpias. Casi todo lo que pones lo siento como mío en la paternidad, aunque reconozco que el vínculo entre la madre y su hijo es impensable reproducirlo por el padre… aunque intento siempre estar lo más cerca posible de ese punto.
    Gracias por el post 🙂 Beso

    • El padre es muy importante. Y se de lo que hablo… noto mucho en mis hijos, sobre todo en el mayor, la ausencia de su padre.
      No te niegues nunca a tus hijos y dales todo el tiempo que puedas… Aunque se que lo haces.
      Un beso.

  4. ¿Has vivido mi historia? como me he identificado contigo. A mi me ha servido para saber que, si es necesario, puedo ser más padre que todos, y eso ayuda bastante. Que emotivo post Güera, las fotos son realmente preciosas.

  5. Vaya forma de ponerte en la,piel de tantas mujeres, de tantas familias, de tantas situaciones. Todas ellas diferentes pero con esos puntos en común que has sabido reflejar a la perfecciòn.

    Gracias por compartir, gracias por ser, gracias por estar

    • Creo que ante todo nos une la maternidad. Y lo que sentimos por ella.
      El después ya varía, según las circunstancias personales. Ya lo sabes tú.

      Un beso

  6. “desgraciadamente, aun vivimos en una sociedad en la que los niños son ”cosa de ella”. Los niños necesitan “padres” o “madres”, en plural. La educación es cosa de dos, sin importar si son ellos, ellas, o ella y él. ”

    Si uno se queda en la superficie de tu cuenta de Twitter solo ve un lanzallamas (que también) pero la Peich mas emocionante es la combinación de ambas. Gracias! 🙂

    Jordi Costa (Treki)

  7. Precioso y emotivo texto. Pero tambien muy doloroso cuando tu opcion personal tambien es esa maternidad que nunca llega y nunca llegara

    • Gracias a ti por leerme.
      (Sabes una cosa, Curro? Es el primer comentario que apruebo desde el iPhone, el tuyo. Pura anécdota, pero quería que lo supieras… Espero que se publique)

      Lo dicho, estas en tu Caja.
      Abrazo.

  8. Simplemente, maravillosa reflexión…y muy bien escrita. Gracias por recordarme q hay cosas mucho más importantes que el trabajo y la política. La próxima vez q alguien pregunte ¿Qué es el amor? le remitiré a tu relato.

  9. Ante tanta emoción volcada en este texto, mis pequeñas discrepancias carecen de importancia. Me las guardo en mi caja . Gracias por ser autentica

  10. uyyyyy que se me ha caído la lagrimita¡¡¡ precioso tu escrito.Yo soy mamá de dos peques como tú y he de reconocer que poder contar con el apoyo de un padre es genial, pero yo me criado con mi madre que fue madre soltera y JAMAS he sentido la necesidad ni la carencia de un padre. De ella y de toda mi familia he recibido todo el amor del mundo, ( las regañinas también). Cada familia es distinta , pero desde luego cuando hay amor incondicional nada de que preocuparse.

  11. Pingback: Mamás buenas. Mamás malas. | La Caja de Pandora

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