Nos cuentas un cuento?

Nunca una frase tan sencilla originó tanto caos…

Hace un par de noches mis hijos me pidieron un cuento,  “uno inventado mamá“. Me armé de valor y traté de reanimar las pocas neuronas que quedaban en mi cerebro después de baños y cenas,  y mientras les pedía que se lavaran los dientes para ganar tiempo, pensé que lo mejor era usar el viejo truco de vamos a hacerlo todos juntos que mola más. En qué momento…

– Bien, sobre qué queréis que  inventemos un cuento?

Princesas!!! (ella)

– Caballeros!! (él)

Con un contundente “he dicho que princesas, y punto” vuela la primera bofetada hacia la cara de mi hijo por parte de su hermana. Rápida como una centella, ni su hermano ni yo fuimos capaces de reaccionar. Esta niña, sería imbatible en el lejano oeste.

– Mamá, qué me ha pegado… y me ha hecho daño!!

– Lucía!!! no pegues a tu hermano, que también tiene derecho a decidir.

– Le pego porque me da la gana… Yo quiero princesas y ya.

La bofetada había hecho grietas en las paredes y no presagiaba nada bueno, asi que tiré de imaginación, y les explique (sobre todo a ella) que en todo cuento de princesas, hay caballeros, y castillos, y que era perfectamente posible que las unas y los otros fueran los protagonistas. Que el cuento iba a quedar chulísimo, y que mamá lo iba a escribir para que nos acordáramos siempre de él. Parecía restablecerse la paz.

Soy una ilusa…

– Bien chicos, ya tenemos princesas y caballeros. Qué más?

– Yo quiero que mi caballero sea un caballero Jedi? Puede ser, mami? De la Guerra de las Galaxias.

Segundo guantazo. Más rápido que el primero. En toda la boca y a mano abierta.

– Eres tonto? Los caballeros van a caballo, llevan espadas de cortar carne normales y no están en las “galácticas“… Mami, dile que no puede ser.

Mami estaba agarrando la pierna de Iñigo que había descrito una peligrosa (y certera) trayectoria hacia la cabecita rubia de su hermana, acordándose de Herodes, y del puñetero momento en el que se me ocurrió la idea del “cuento inventado”; pensando que había parido una institutriz inglesa en potencia y sospechando el inminente estallido de la Tercera Guerra Mundial. Aún así, Mami, en su candidez, decidió intentarlo una tercera vez.

– Lucía, recuerda que en la “Guerra de las Galaxias” está la Princesa Leia, y que las princesas tambien pueden ser “galácticas”

– Bueno, vale… 

– Entonces, como sigue el cuento? Donde vivían el caballero y la princesa?

Mi hijo, sospechando que si no decía lo que su hermana quería oir, iba a cobrar otra vez y haciendo gala de la nobleza que le caracteriza dijo:

– En un castillo… Vale Lucía?

ZAS!!! No hay dos sin tres…

– Pero cómo van a vivir los “galácticos” en un castillo, idiota?

Y se lió. A Iñigo se le acabó la paciencia y a mi me pillaron en un clamoroso fuera de juego maternal. De un empujón tiró a su hermana al suelo, mandándola sonoramente a la mierda. Lucía empezó a llorar y a llamarle tonto como si fuera lo último que hacía en la vida, mientras lanzaba unas patadas dignas del mismísimo Bruce Lee. Yo asistía al espectáculo con a boca abierta, sin reaccionar, pensando en mi torpeza y en que una vez más, mis ideas de bombero nunca acababan en nada bueno. Sólo cuando vi que mi hijo iba a saltar sobre su hermana, como un luchador de Pressing Catch, reaccioné. Levanté a mi hija del suelo y me la eché a la espalda con una mano, mientras que con la otra, frenaba al Caballero Jedi, que tenía un cabreo de mil pares de narices e iba armado con un micrófono, que iba a usar a toda costa, si no se lo impedía.

Separé a mis hijos con mi cuerpo, mientras piernas y manos volaban por todas partes. Logré marcar una “distancia de seguridad” entre  ambos, y traté de razonar con Iñigo apelando a su primogenitura. Iñigo que dijo que verdes las han segado, y que esa enana no le volvía a pegar. Era lo esperable después de los tres bofetones que llevaba encima.

Media hora, los treinta minutos más largos de mi vida. Eso fue lo que me costó calmar a las fieras, recurriendo a la dulzura y a la razón primero, al chantaje después, terminando por pegar cuatro gritos y dos azotes.  Creo que ni un negociador de la ONU lo hubiera conseguido… Aquello fue terrorífico.

Si me permitís un consejo, los cuentos, mejor, leídos.

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11 pensamientos en “Nos cuentas un cuento?

  1. jajajajaja, cómo me he reido…además conociéndoos a todos, parecía que estaba allí con vosotros, cómo volaban las leches!…esta niña a quién ha salido con esos prontos?, jejejeje

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