Mudanzas… la verdadera y terrorífica historia

Qué bonitas son las mudanzas! Independientemente de lo que implican, para bien o para mal (para mucho mejor en mi caso) las condenadas de ellas tienen un lado oscuro que inquieta. Sí, sin duda alguna ponen a prueba tu paciencia y te hacen arrepentirte de no haber estudiado alguna ingeniería, para diseñar con precisión el contenido de las cajas y su posterior ubicación en la furgoneta o camión.

Una mudanza tiene su liturgia. Una vez que te mentalizas, hay que seguir unos pasos ordenada y metódicamente, contar con elementos imprescindibles, y accesorios que facilitan sobremanera tu trabajo, y saber que hay situaciones inherentes a las mismas que ocurrirán sí o sí.

Elementos imprescindibles: Camión o furgoneta, porteadores, cajas (pídelas en tu supermercado habitual y procura que no hayan contenido nada que deje un olor sospechoso, perdurable, y normalmente desagradable, en tu ropa y más preciadas posesiones. Las cajas de pescado son las menos recomendables) cinta de embalar, rotulador y libreta. La libreta es aquello donde apuntas el contenido de la caja en cuestión y que irremisiblemente acabas perdiendo, con lo cual toda tu estrategia de orden se va al garete, y confiere a tu mudanza una condición de thriller que la hace aun más apasionante… si cabe.

Elementos a tener en cuenta: toneladas de sacos de basura, guantes, un rascador para despegar esos chicles que tus hijos han esparcido con precisión japonesa en sitios inverosímiles, y napalm (ver más abajo)

Todo empieza bien. Vas llenando las cajas con criterio, por habitaciones, pensando en que no tienen que pesar mucho, con tu rotu en la mano, con esa libreta (la que desparecerá) en la mesa… “soy una máquina, no hay nada mejor que ir poco a poco y con orden” Una caja, otra, otra más. Ropa doblada, colocadita. Libros por tamaños, copas, vasos, platos… Cuando vas por la caja 1. 256 empiezas a vaciar cajones de forma complusiva, volcándolos a la desesperada y atacada de los nervios. Piensas, “ya lo revisaré cuando llegue a mi casa nueva”  Nunca falla: esas son las cajas que, cuando abres, van directamente al cubo de la basura, y que posiblemente contenían algún documento/joya/posesión preciada que nunca más en tu vida volverás a ver. En esa fase me encuentro ahora. Sí.

Eso que siempre ocurrirá:

– Amigos que van a desparecer ese fin de semana. Proliferación de convenciones, epidemias descontroladas de gripe, sarampión o incluso peste bubónica.

– Empieces por donde empieces, lo que buscas siempre aparece al final.

– Necesitas algo con urgencia. Lo normal es que aparezca cuando ya no te hace falta.

– La cinta de embalar, el destornillador y el martillo son seres vivos. Tienen piernas y cambian de sitio con la única finalidad de putearte. Lo mismo se aplica al taladro y a las tijeras

– Algo se pierde, algo se rompe, algo aparece (normalmente no hace ilusión, suele ser un mantel horrible que te regaló tu suegra y cuya misteriosa desaparición te costó una buena bronca con tu ex… En mi caso, hay una bolsa con tres de esas maravillas del bordado chino, que volverán a su legítimo dueño)

– “pero como he acumulado tanta porquería…

– “si ésto entró… por qué no lo puedo sacar ahora?” (la gran paradoja de la mudanza. Un “must“)

– “el día que compré esta mierda estaba borracha o drogada, fijo

– “de dónde han salido tantos vasos?

– “Por favor, cuidado con eso… cuidado…CUIDADOOOOOOO!!… Hala, a tomar por saco” (añadir cara de cabreo y muchas, muchas ganas de matar)

– La lavadora, el sofá o el mueble más pesado que tengas NUNCA cabe en el ascensor, o en su defecto, por la puerta (no falla)

Y qué me decís de esas pelusas, enormes, con hijos y nietos que han acampado tras la librería? Y que aparezca vida extraterrestre bajo el sofá… (aquí es cuando se usa el napalm. Mucho mejor que la escoba y el rascador ¡¡donde va a parar!!) Y que siempre tropiezas cuando llevas en la mano esa caja con tu mejor cristalería, las más fragil…  De los tornillos que faltan o que sobran, que al dejar las llaves o la furgoneta te recuerdas que te has dejado algo en tu antigua casa. Y esas cajas que se tirarán semanas sin abrir, convertiéndose en una mesita de noche, o en la mesa del comedor…

No lo dudéis. Mudaos, al menos, una vez al año… es una experiencia única.

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13 pensamientos en “Mudanzas… la verdadera y terrorífica historia

  1. ” La cinta de embalar, el destornillador y el martillo son seres vivos. Tienen piernas y cambian de sitio con la única finalidad de putearte”. +1

    Toda una aventura eso de mudarse, eh

  2. Buenísimo. Reflejada literalmente cuando hice la mía ( por cierto, en el trastero hay cajas sin abrir y en Mayo ya hará un año)
    Muuuuuaks de ánimo!! 😉

  3. muy bueno, esto de mudarse es toda una odisea siempre se pierde algo y por contra aparece alguna cosa que mas valdria que siguiera perdida

  4. “La libreta es aquello donde apuntas el contenido de la caja en cuestión y que irremisiblemente acabas perdiendo, con lo cual toda tu estrategia de orden se va al garete, y confiere a tu mudanza una condición de thriller que la hace aun más apasionante… si cabe.”

    Esto me va a tocar vivirlo. Verás :))

  5. hola peichit, me he reido mucho leyéndote. aunque las mudanzas son para llorar a moco tendido, los cambios pueden volver a llevarnos a la risa, y a estar más agusto. así te lo deseo

    un abrazo

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