Nada es para siempre

“Te vas a arrepentir de ésto”… Fue lo último que oyó, mientras cerraba la puerta del coche  y con ella,  y uno de los capítulos más amargos y dolorosos de su vida.

El portazo, le hizo despertar por completo de aquella pesadilla. Le hizo sentir,  por primera vez en mucho tiempo, que la espalda le pesaba menos, que podía mirar al frente, que la mano helada que oprimía su corazón, que le impedía respirar, se había derretido

Los últimos meses, su vida había sido un infierno… Una inmersión continua en la nada. En el “ni contigo ni sin ti”, en la ausencia de respeto, en el ninguneo y en la humillación más absoluta.

Al abrir la puerta de su casa, la inquietud y la tensión volvieron a hacer acto de presencia. Una casa, la suya, que nunca compartieron, pero que sentía que no le pertenecía.

Vacía, en silencio… Por un momento pensó que aparecería por el fondo del pasillo, escupiendo un “buenas noches”,secándose las manos con un trapo de cocina, y anunciando lo que había de cenar. Una compra que no decidía y un menú que no elegía.

No fue así… Pasaron dos minutos. Tres. Silencio. Paz. Empezó a disfrutarlo y empezó a convencerse de lo real de su nueva situación. La inquietud desapareció, la tensión se disolvió. Apoyó la espalda contra la pared y se dejo caer hasta el suelo, lentamente, mirando a su alrededor. Redescubriendo su espacio y tomando nota mental de los cambios que iba a llevar a cabo:  “esos cuadros nunca me gustaron… ¡y la tapicería del sofá es horrible! Tengo que cambiar de sitio los muebles, quemar las cortinas…Cortinas… Pero si odio las cortinas…!!”

Sonriendo  tímidamente primero, sin reparos después, sintiendo que ese entorno volvía a pertenecerle, asombrándose de lo fácil que le había resultado volver a tener el control de su vida, y lamentando no haberlo hecho antes. “Estoy en casa, en mi casa”.

Lamentaba no haber podido decir “no” desde el principio, porque cuando supo que podía, ya era tarde. Lamentaba no haber sabido marcar su espacio, porque aquella relación apareció en un momento de su vida en el que la soledad, larga e interminable, era la reina absoluta, y era imposible darle esquinazo. Creyó ver la luz, creyó que había desterrado para siempre los desayunos con el periódico como única compañía, las cenas conversando con la tele… Los paseos, sin rumbo, con las manos en los bolsillos, buscando unos ojos que quisieran mirar en los suyos. Y se equivocó.

Esa relación llegó lenta y suave, pero al poco tiempo fue una torrentera. Lo  que en principio le devolvió la vida, acabo arrollándolo todo a su paso, como un río desbordado, y se llevó por delante lo poco que había sobrevivido a sus años de soledad.

Aquel día, aquella noche… aquella cena en la que ni la ropa que llevaba pudo elegir. Ese día en el que la rutina era más cuartelaría que nunca, porque “ese negocio era importante y se jugaba mucho”  Ese maldito día en el que recibió instrucciones sobre cuánto, cómo y con quien, en el que no habló, no comió y no respiró hasta que una mirada, o un gesto, imperceptible, con una mano le daban permiso… Ese día decidió que su vida tenía que cambiar.

Ahora paseando por el salón de su casa, y decidiendo guardar esos  recuerdos en el lugar que no molestaran, pero lo suficientemente visibles para tener presente lo que no debía volver a hacer, que era mil veces mejor toda una vida de soledad, antes que sucumbir a una mala compañía, solo podía pensar en una cosa: “No, no me arrepiento”

 

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29 pensamientos en “Nada es para siempre

  1. Conozco esa sensación. Algo de remordimientos al principio, libertad después…

    Me has robado un suspiro.

  2. Pingback: Tweets that mention Nada es para siempre « La Caja de Pandora -- Topsy.com

  3. Me fascina tu forma de escribir. Me conmueve llegar a pensar que “cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia”. Me quedo con esa frase final de el / la protagonista de tu relato: No, no me arrepiento

  4. Buenísimo,Vamos que esta muy bien escrito y engancha.
    Nadie debería sufrir eso, y todos deberíamos ayudar a que no pasara.

    Un beso Rubia

      • Si. Es lo más importante: darse cuenta de que hay que ser feliz aunque para ello haya que hacer cosas complicadas… a veces no nos damos cuenta.

        Un beso 😉

      • mi vida se ha revuelto últimamente, pero es un aprendizaje que tengo que resolver, sencillamente. Donde he crecido mucho. Lo único que me pesa es que no hubiese ocurrido antes, pero eso es algo que tampoco podemos decidir, y esa lección la he aprendido este año. No podemos, afortunadamente, ser tan ingenuos o tan soberbios de creer que controlamos o planificamos nuestra vida. Hay que adaptarse, sobrevivir, y transformarlo en una experiencia positiva, que nos mejore y nos haga más felices.

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