Hay que querer querer

Oh, l’amour, l’amour. Cosa complicada ésta… Y no es gratis, no.

Todo empieza bien: un gesto, una palabra, una mirada y salta la chispa. Por mucho que te conozcas,  por mucho que te hayas visto, hay un momento único, un momento en el que oyes “click” y todo cambia de sitio: suenan los violines, vuelan los pajaritos y sale el sol. Caminas a dos metros sobre el suelo, vas en una nube y el mundo se tiñe de un rosa muy cursi. Sonrisa de tonto en la cara, ¡¡qué bonito, ya estás enamorado como un becerro!! Hala, ya hay un dios, una diosa en tu vida.

Hay que querer quererSus ojos, su forma de hablar, su manera de caminar. Todo te transporta al séptimo cielo. Estás en el paraíso, con tu Adán. Con tu Eva. Pero la serpiente aparece con la puñetera manzana, y de repente aterrizas. Te caes de cabeza desde tus dos enamorados metros y empiezas a asumir la condición humana de tu pareja. Y es cuando el enamoramiento tiene que dar paso al amor obligatoriamente… Y empieza lo difícil, pero para mí, lo más apasionante.

Conocerse, asumirse, respetarse. Desencontrarse y volverse a encontrar. Ver defectos y compensarlos con las virtudes, que siempre han de ser más. Siempre son más.  Controlar esas emociones, actitudes y comportamientos que causan daño, y que no aportan nada bueno. Respetar libertades, compartir secretos, ilusiones, y por qué no, planes de futuro. Descubrir manías, tolerarlas y aprender a vivir con ellas, aunque te entren ganas de tirar a tu Adán o a tu Eva desde un quinto piso cuando hace “aquello”

Todo eso cuesta, hay que querer querer. Si lo logras, nunca dejarás de sentirte a dos metros de suelo. Un beso, una caricia o una mirada te devolverán al paraíso… el esfuerzo va a merecer la pena. Los pajaritos volarán, quizá menos alto, o quizá menos veces. El rosa seguirá, unos días brillante, otros días desvaído. La nube, gordota y esponjosa te llevará de un lugar a otro.

Uno aprende a querer, no cuando encuentra a la persona perfecta, sino cuando aprende a creer en la perfección de una persona imperfecta. Querer su felicidad, porque es la tuya, amarle cuando menos lo merezca, porque posiblemente sea cuando más lo necesite.

Y eso… Eso no es fácil. Pero compensa con creces.


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17 pensamientos en “Hay que querer querer

  1. Menos mal que ese enamoramiento primero no dura eternamente, porque oír violines, verlo todo rosa, e ir con cara de tonto mucho tiempo no puede ser bueno para la salud mental.

    Mucha gente me ha dicho que cuando ya no ve todo de color de rosa, se le pasa la chispa, y ya no ven esa pareja como adecuada.

    Ese color rosa, es como un vino joven, al que hay que madurar. Lo que no quiere decir es que se quede viejo o añejo, hay que cuidarlo y mimarlo, así ese vino joven lo convertiremos en crianza y finalmente será un reserva, de calidad, que saborearemos gustosa y plácidamente.
    Y como cualquier vino, también se pica y se estropea.. pero de eso se trata la vida… de hacer catas.

    Bonita reflexión la que haces.

  2. Catando siempre encuentras tu vino. Me ha gustado mucho la comparación.
    Y sí, todo empieza y todo acaba, pero siempre es porque ya no se quiere o no se puede querer.

    Gracias Eva

  3. Pingback: Tweets that mention Hay que querer querer « La Caja de Pandora -- Topsy.com

  4. pues si, compensa mucho, porque cuando existe el apoyo mutuo, siempre se pasan los baches mejor, uno apoya al otro cuando peor lo esta pasando y viceversa.

  5. Un día, escuché una frase muy sabia que quizá sirva para complementar este excelente artículo de María de los Ángeles. Enamorarse del amigo, no tiene gracia. Enamórate de tu enemigo, eso sí tiene valor. Extrapolando la frase y que se refleja en el artículo, lo mejor es enamorarse de os defectos y no de las virtudes. Ëstas son como el amigo y no tiene gracia alguna. Sentir el amor de los defectos y aceptarse tal como somos, sí es el objetivo. A veces tratamos que nuestras relaciones sean cómo queremos nosotros que sean. Lo importante es al revés. Aceptar al otro y no sólo en la relaciones de pareja, como son.
    Aceptar a los niños, como son y no como adultos; aceptar al adolescente como es con sus temores, dudas, arrojos e inmadurez propia de ellos; aceptar al adulto en su esencia y su forma tanto física como espiritual, moral, ética y social. Si esa persona como es, no nos afecta en nuestras propias convicciones y deseos, creo que se está en el camino correcto, puesto que nadie es perfecto y normalmente los “errores” que nos molestan del “otro”, por lo general, son cosas pequeñas, fáciles de superar, aceptar o quizá, incluso tranzar, sin que se pierdan los espacios de cada cual.

    Una vez más, mis felicitaciones a tan grandielocuente columnista, María de los Ángeles, por su visión tan nítida, clara, sencilla y profunda en los temas que nos regala.

    Desde Chile, Fernando Rodríguez Guzmán, @FRodriguezG

  6. Y como siempre, mi querido amigo, tus comentarios son el cierre perfecto a mis reflexiones. El complemento, y la guinda.
    La aceptación es la base de todo, para querer y para quererse.

    Un enorme abrazo desde España

  7. Creo que Eva ,hace una comparativa excelente,lo que mas “duele”es la cata final,cuando,despues de tantos años guardando ese vino de reserva,esta picado…
    Gracias por esta reflexion, me deja pensativa no me ha dejado indiferente..muy bueno de corazon

    • Eva es una fenómena (como tú) y su comparación fue perfecta. El vino tiene su momento. Siempre ¿verdad?
      Un beso enorme, Brigi, y gracias por leerme

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