Ya somos mayores… ¿¿ya somos mayores??

¿¿Ya somos mayores?? Desde un punto de vista fisiológico te sientes pleno, has alcanzado tu desarrollo. Disfrutas de una vida que supuestamente tú mismo gobiernas, haces lo que quieres, comes lo que te gusta, porque ya “no te vas a quedar bajito”, te acuestas con quien quieres, las veces que puedes (o que te dejan), nadie te manda a la cama, te puedes quedar viendo en la tele lo que quieras, hasta las tantas y si se tercia, ponerte malo al día siguiente y no ir a trabajar (bueno… eso el que tenga trabajo) porque tu madre no te va a obligar… Salir por la noche, elegir una profesión, vivir tu vida. Ya lo sabes todo.

cropped-iphone-19-de-julio-117.jpgHacerse mayor implica, necesariamente, perder la ingenuidad, mirar la vida con recelo, sentirse obligado, comulgar con un credo que no te convence, convivir con ideas que no son las tuyas, perder la fe en el ser humano. Hemos madurado y dominamos la capacidad de acumular sentimientos negativos, odios viscerales o históricos, rencores que solo te oscurecen el alma… y la mirada. Envidias que no te dejan disfrutar de lo tuyo, que por poco que sea ¡es tuyo! Nos volvemos críticos, pero lo hacemos desde la acidez y el reproche, siempre para ver lo malo, nunca para sacar lo bueno. Hemos elegido al enemigo…

La vida ya no está por descubrir, se pierde la capacidad de sorprenderse por algo como una mariposa blanca, o una libélula roja, ya no juegas a adivinar la forma de las nubes, los nombres de los anuncios … Se pierden la ilusión por el día que empieza, las ganas de aprender, de absorberlo todo como una esponja, de mirar el mundo con los ojos muy abiertos, de empaparse de sentimientos, de mirar a la gente a los ojos, de sonreir, de decir te quiero y decirlo con el corazón, y con el alma. Controlas el llanto. Controlas todo lo que sientes, porque se supone que es infantil no controlar los sentimientos.. . ya somos mayores, y los mayores no lloran, lo mayores no sienten. Los mayores se han transformado en máquinas.

Pues a mis 41 años, he descubierto que, para muchas cosas sigo siendo una niña. Que lloro cuando quiero y rio si me apetece, que desgraciadamente tengo fe en el ser humano, y que creo que la gente actúa de acuerdo a sus principios y no por estrategias. Soy una ingenua y una inocente sin remedio. No me rijo por muchas normas preestablecidas y la emoción y los sentimientos me desbordan. Y eso me hace pasarlo mal, porque a veces descubro que no es así, que todo es una orquesta en la que no debe desafinar ningún instrumento. Y lloro… pero me siento orgullosa de mi misma, por ser capaz de mirar el mundo de frente, con los ojos muy abiertos, y sacar provecho de mi ingenuidad para descubrir algo nuevo todos los días… y de vivir sin dobleces, y de alucinar con una mariposa blanca, y ponerle nombre a las nubes, y poder decir lo que pienso, sin miedo a que me callen la boca… y me revuelco con mis hijos, y les digo que les quiero, y nos vamos a la cama tarde, y nos damos atracones de palomitas. Y vivo mejor sin envidia, sin rencor y sin hipocresía, aunque me lleve mis buenos batacazos.

Es bueno tener capacidad para aprender.

Es bueno que la vida te sorprenda, aunque a veces la sorpresa llega acompañada de lágrimas. Es maravilloso querer, y decirlo con una sonrisa y mirando a los ojos.

Yo os animo a “desmadurar” un poco, a ser más inocentes, más abiertos y más niños. A disfrutar de la vida, simplemente

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3 pensamientos en “Ya somos mayores… ¿¿ya somos mayores??

  1. en fin…al principio me costó leerte…estaba pensando: qué penita?? se pierde sonreír por sonreír…se pierde que te diga hola una mariposa ( con las poquitas que hay)…pero nooo…al final ¡qué bonito es desmadurar!…y disfrutar de que sale el sol todos los días…sin mayores pretensiones…y sí hay batacazos…pero VIVA LA INGENUIDAD!!!, no me apetece saberlo todo, me gusta SEGUIR DESCUBRIENDO.
    Gracias por decirnos cosas tan bonitas.

  2. Sin duda alguna, que ser maduros significa tener mejores herramientas para enfrentar la vida y como menciona, María de Los Ángeles, tomar determinaciones propias, conforme a nuestras convicciones que nos hemos ido formando en la etapa de formación o quizá, sería valido decir, en esa etapa de “inmadurez”, que nos dejábamos guiar con cierta facilidad, de la mano de nuestros padres, de nuestros mayores, de nuestros educadores.
    En ese contexto, creo que es lícito, necesario, oportuno, tomar la decisión de no dejar de ser niños, en dónde se vive la pureza en su máxima expresión, en dónde no hay tabúes (o tabús) sociales odiosos, en dónde quizá, también somos más auténticos y verdaderos.
    Por ello, no debemos dejar de llorar, de reir, de ser auténticos, como lo éramos cuando pequeños y asumir los retos de los “mayores”, como si fuésemos niños, con la ventaja que ya hemos, no en vano, recorrido un camino y por tanto es esperable que las equivocaciones sean las menos, a pesar que el proceso de crecer, de aprender, de madurar y de “desmadurar” muy necesario, para vivir bien o medianamente bien; jamás termina felizmente.
    Desde Chile, Fernando Rodríguez Guzmán @FRodriguezG

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